null Javiera Horta: “La pandemia nos obligó a salir de la caja, no nos dejó elección y eso ha despertado mucha creatividad”

Javiera Horta: “La pandemia nos obligó a salir de la caja, no nos dejó elección y eso ha despertado mucha creatividad”

Entre la pandemia y los cambios que atravesamos como sociedad, se destacan figuras que buscan trabajar en conjunto, con las diferencias y dificultades que ello representa. Javiera Horta, Directora General del Programa de Liderazgo Colectivo de Enseña Chile (eCh) sabe que construir una red de agentes de cambio que impacten en el sistema educacional es, hoy por hoy, un doble desafío. Esta es su lucha diaria para generar impacto en un contexto donde los pizarrones tradicionales cayeron y las metodologías están en plena transformación.  

 

    La pandemia marcó un antes y un después en nuestras vidas. La educación, así como muchos trabajos e incluso reuniones sociales, pasó de ser presencial a distancia. Y esto significó para los colegios, escuelas y profesores un enorme y, también, desgastante desafío. “Todo esto me recordó que, por muy noble que sea lo que hacemos, no somos superhéroes”, cuenta Javiera Horta, Directora General del Programa de Liderazgo Colectivo de Enseña Chile (eCh). “Había aprendido esto siendo profesora, porque los desafíos son cientos y la carga laboral es altísima pero desde esa época que no me había vuelto a sentir así de exigida y había olvidado esa lección. Con todo lo que ha pasado, y sigue pasando, hay muchísimas necesidades y todas se sienten urgentes e importantes cuando el foco de tu trabajo son estudiantes y comunidades en contexto de alta vulnerabilidad. Si a eso sumamos los desafíos personales que todos y todas estamos enfrentando, el desgaste ha sido alto. Hoy mi prioridad, personal y con mi equipo, es el auto-cuidado, priorizar y buscar cómo poder trabajar mejor juntos”.

Javiera llegó al área de la educación hace ya diez años. Luego de egresar como ingeniera civil industrial, trabajó en una empresa consultora como ingeniera de proyectos. Uno de ellos consistió en acompañar y formar a micro empresarios y empresarias que habían ganado el Capital Semilla de Sercotec en la región de La Araucanía. “Trabajar con ellos y conocer sus historias personales cambió mi perspectiva. Comencé a preguntarme cómo habrían sido sus historias de vida si hubiesen tenido más oportunidades, mientras me maravillaba de que eso no haya sido impedimento para todo lo que habían logrado”, explica. “Cuando ese proyecto se completó y pasé al siguiente, quedé con un vacío, había experimentado la satisfacción de aportar la vida de otras personas y quería seguir haciéndolo. Justo en ese período conocí Enseña Chile y decidí postular para dedicar dos años a brindar más oportunidades a un grupo de adolescentes con el mismo potencial para lograr lo que se propusieran. Nunca me imaginé que lo que creí serían dos años, ya son diez trabajando por brindarle una mejor educación a miles de estudiantes, con el sueño de que un día sea para todos los niños y niñas en el país”.

¿Qué es lo que más disfrutabas de poder enseñar?
Por lejos era ver el sentido de posibilidad que se generaba cuando alguna de mis alumnas o alumnos volvían a creer en sí mismas o sí mismos. A la mayoría de mis estudiantes no les gustaban las matemáticas, o más bien, no creían que fueran lo suficientemente inteligentes para entenderlas. Cuando aprendían algo que les parecía imposible descubrían que estaban equivocados en eso, entonces otras creencias respecto de sus limitaciones podían ser incorrectas también. Recuperar el sentido de posibilidad no implicaba que el camino fuera más fácil, pero era el impulso necesario para comenzar a creer y ponerse manos a la obra para trabajar por sus sueños. 


 
¿Cómo ha sido la experiencia de poder liderar y, a la vez, ayudar a construir una red de agentes de cambio que impacten en el sistema educacional de nuestro país a través de Enseña Chile?
Ha sido un privilegio por el cual estoy profundamente agradecida. No es fácil liderar un proyecto que tiene un sueño tan ambicioso y donde enfrentamos a diario muchas frustraciones cuando lo sentimos lejano, pero las múltiples victorias, por pequeñas que sean, hacen que todo valga la pena. Los testimonios de nuestros estudiantes, sus familias, las comunidades escolares, etc. te conectan con el propósito y te renuevan las fuerzas. 

 

 


Enseña Chile es un grupo conformado por una gran diversidad de personas, trabajando en muchos lugares del país enfrentando desafíos con contextos y necesidades distintas, así que liderar con este nivel de pluralidad plantea muchos retos, pero por lejos es lo que más me ha hecho crecer en los distintos roles de liderazgo que me ha tocado asumir en el programa. Aprender a trabajar juntos, a pesar de diferencias que muchas veces parecen infranqueables, es la razón por la que existimos. Mejorar la educación de todos los niños y niñas del país requiere trabajar juntos, no solo a pesar de las diferencias, sino con ellas. 

La “nueva” escuela pandémica
Las clases online se han convertido prácticamente en una constante desde el 15 de marzo del año pasado con la llegada del coronavirus y la implementación de las cuarentenas. Y no ha sido una modalidad fácil. De acuerdo al Informe N°9 de Vida en Pandemia, un estudio longitudinal de la Universidad de Chile sobre el impacto de la crisis sanitaria en la población, las clases a distancia han significado diversas dificultades para el 68% de la población infantil. Y los porcentajes se elevan en el caso de las escuelas municipales. 

 El 2020 vino a remecernos con fuerza, ¿qué fue lo más desafiante a lo que se tuvieron que enfrentar durante estos meses y qué lecciones crees que le está dejando a Chile esta pandemia a nivel de educación?
Lo más desafiante ha sido que nuestros estudiantes lo están pasando mal. En circunstancias normales ya enfrentan a diario muchas dificultades dado el contexto de vulnerabilidad en que viven, y con la pandemia ese contexto se ha vuelto aún más complejo. Para nuestros estudiantes la escuela no es sólo un espacio para ir a aprender, sino también es un espacio seguro. Como profesor o profesora es muy difícil enfocarse en que aprendan cuando hay tantos elementos que muchas veces son más apremiantes que el aprendizaje pero que están fuera de tu control. A eso se suma el reto constante que ha sido aprender a hacer clases que motiven a sus estudiantes y contribuyan a su aprendizaje en un entorno virtual, totalmente desconocido. Para nosotros como programa todo esto ha significado aprender cómo darles un mejor acompañamiento y formación para enfrentar cada desafío que se les va presentando.

¿Crees que el aprendizaje a distancia jugará un rol fundamental y cambiará la forma en la que "se hace" educación, no solo en Chile, sino que a nivel global para siempre?
Creo que jugará un rol fundamental en términos de mentalidad. Innovar en educación no es fácil, aunque cueste creerlo, y la pandemia nos obligó a salir de la caja, no nos dejó elección y eso ha despertado mucha creatividad. Creo que las comunidades escolares han logrado cosas de las que nunca creyeron que eran capaces, y así que como pasaba con mis estudiantes, esta experiencia da esperanza de que podemos lograr los cambios que nos proponemos si trabajamos juntos e incansablemente por hacerlos realidad. Por otro lado, la presencialidad cobró un valor que antes no veíamos con los mismos ojos, era algo que siempre dimos por sentado y ahora comprendemos con más profundidad lo importante que es, así que no creo que la educación online o a distancia, a nivel escolar al menos, haya llegado para quedarse. 

 

¿Qué cambios te gustaría ver en un futuro en nuestro propio sistema educacional y de qué forma te gustaría ser parte de ellos?
 Las clases online, o asincrónicas en otros casos, han tensionado mucho el para qué “ir” a clases. Si los estudiantes no tienen claro cómo su aprendizaje contribuye a lograr sus sueños y metas es muy difícil que se comprometan, y ahora que la virtualidad les ha hecho a muchos perder aquello que sí valoraban de ir al colegio, como lo es por ejemplo pasarlo bien con los amigos, se pierde con mayor fuerza el propósito. Un cambio que espero ver en el sistema es que la pregunta que guíe los procesos sea qué quieren los estudiantes y qué necesitan de nosotros para lograrlo, hoy la discusión está mucho en el mundo de los adultos y lo que nosotros creemos necesario, pero son ellos los que necesitan descubrir sus propósitos y prepararse para alcanzarlos, y si no respondemos dichas preguntas seguiremos perdiendo su interés y compromiso, y por consiguiente su sueños y talentos.
Por otra parte, desde hace tiempo hay un consenso generalizado de que la educación también tiene que brindar desarrollo socioemocional, y este contexto sanitario ha hecho que sea aún más relevante al requerir de todos y todas muchas herramientas emocionales para hacerle frente. Pero también es sabido que en la práctica se ven pocas acciones concretas y sistemáticas para abordar este elemento del aprendizaje, y así lo refuerza la agencia de la calidad de la educación en un reporte del 2016. Espero que esta experiencia nos ayude a cambiar esto y ver esfuerzos articulados dentro de las salas de clases, o sea cual sea el espacio de enseñanza, para lograr desarrollo personal y social de nuestros niños y niñas.