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Elisa Orlandini, ginecóloga oncóloga: "Es reconfortante saber que las operaciones pueden curar una enfermedad que solemos asociar con la muerte"

Con solo 35 años, la ginecóloga oncóloga de la Red de Salud UC Christus, Elisa Orlandini, tiene frente a sus ojos un gran desafío profesional: la dirección del área ginecológica de la cirugía robótica, tecnología que promete revolucionar los procedimientos médicos para hacerlos más simples, precisos y flexibles. Su pasión por la cirugía, en todo caso, viene de mucho antes. Desde niña, cuenta, sintió una fascinación por la Biología y los procesos del cuerpo humano. Gustos e intereses que más adelante derivaron en su carrera universitaria. 

Orlandini siente que aún faltan mujeres en el área de pabellón. Y es que, como pasa en muchas otras carreras, en Ginecología antiguamente había una visión machista que impedía que más mujeres se dedicaran a lo quirúrgico. Pero eso, poco a poco, está cambiando. “He tenido el privilegio de coordinar la formación de ginecólogos en la Universidad Católica y durante este tiempo he visto el cambio generacional. Este año recibimos a 10 mujeres y solo un hombre en primer año, algo histórico. Queda un largo camino por recorrer, porque todavía todos los altos cargos y los puestos de académicos son ocupados por hombres, pero estamos forjando un camino. Y eso es lo entretenido”, dice. 

 

¿Por qué decidiste dedicarte a la Ginecología Oncológica?

Elegir Medicina fue fácil. Desde chica me interesó todo lo que tenía que ver con el cuerpo, con curar. Además, en el colegio era buena en Biología. Cuando entré a la universidad a estudiar Medicina estaba perdida en qué especialidad elegir, hasta que llegué a Ginecología en quinto año y me encantó. El hecho de ser mujer en mi especialidad es un plus muy grande. Tenemos más empatía con nuestras pacientes porque vivimos los mismos procesos que ellas. Eso me gusta mucho. 

 

¿Cómo fuiste especializándote en el área oncológica?

Caí en el área de Cáncer por casualidad, cuando a los 23 años tomé un electivo sobre eso. Es una tarea súper linda, que se tiene que tomar con esperanza, pero también siendo concreta respecto a qué esperar. A veces nos toca recibir a pacientes en etapas avanzadas del cáncer, pero en la mayoría de los casos aún estamos a tiempo, en etapas curables. Hay mucho por hacer y también por prevenir, pero es reconfortante saber que las operaciones pueden curar una enfermedad que solemos fácilmente asociar con la muerte. 

 

¿Qué ha sido lo más difícil que te ha tocado experimentar atendiendo a pacientes que viven con cáncer? 

Hay momentos súper complejos. Uno de los más difíciles son las recaídas, cuando el cáncer vuelve. A mí, como su médico tratante, me toca acompañarlas por mucho tiempo. Las veo siempre y eso hace que la relación sea profesional, pero también personal. Las termino conociendo en profundidad y cuando toca darles esa noticia, es desgarrador. Es una de las cosas que más duele. Lo otro difícil es cuando hay complicaciones derivadas de una cirugía. Ahí es fundamental mantenerse cerca de la paciente para acompañarlas en el miedo, en la recuperación. Lo que no es aceptable es abandonar esas necesidades.

 

En tu profesión, ¿existe alguna brecha de género? ¿En qué áreas o momentos es más visible? 

Mi gran pasión es operar. Mi marido me molesta porque después del trabajo llego a ver videos de cirugías. Es mi gran hobby, pero sí, es un área donde no es tan común ver a mujeres. En general la Ginecología sigue siendo un espacio más de hombres, pero aún más en lo quirúrgico, donde antes había un enfoque machista y solo el hombre quedaba relegado a esta especialidad que requería de tiempo y habilidades manuales. Ahora las mujeres hemos demostrado que somos capaces y que podemos congeniar perfectamente lo personal con lo profesional. 

 

¿Te ha resultado combinar esas dos cosas?

Tengo tres hijos y ha sido sacrificado en el sentido de que he tenido que tomarme períodos cortos de pre y post natal. No porque me obliguen, sino porque al ser mujer tienes que estar todo el rato demostrando que puedes. Hay una presión de volver por lo laboral y también por las pacientes, porque es difícil delegarlas a otra persona. En un minuto de mi carrera dudé si tener o no hijos. Me gustaba tanto lo que hacía, me apasionaba tanto, quería hacer tantas cosas, que no sabía si la maternidad era lo mío. Pero con mi marido nos aventuramos y por suerte lo hicimos, porque siento que en mi caso ser mamá me ha ayudado a mirar la vida con una madurez distinta. Soy mejor profesional porque soy mamá y soy buena mamá porque le doy el ejemplo a mis hijos de una madre trabajadora. Estoy en un punto de mi vida en que estoy muy contenta con lo que he logrado y puedo disfrutar a mi familia y mi profesión intensamente.