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María Paz Achurra, fundadora de Red Maestra: “Las mujeres en la construcción trabajan de manera menos competitiva y más amorosa”

Es arquitecta de profesión y le apasiona servir a los demás. María Paz Achurra (51) fundó en 2019 Red Maestra, una plataforma que busca empoderar a las mujeres en el ámbito de la construcción, entregándoles herramientas para desarrollar sus competencias y encontrar trabajos que les permitan vivir de manera digna. Una iniciativa que, cuenta, parte luego de haber visto la gran cantidad de barreras para las mujeres en esta industria y también por las propias batallas que ella misma ha tenido que dar en su vida.

Así, buscó financiamiento y creó la primera comunidad de mujeres gasfíter que, durante esos primeros meses de 2019, fueron capacitadas en conocimientos técnicos. Desde entonces, Red Maestra no ha parado, adjudicándose desde fondos concursables hasta alianzas con grandes empresas como Construmart. “Me di cuenta que este trabajo es relevante porque lo único que necesitan las mujeres en la construcción es una oportunidad para crecer. Del momento que tú se las das, ellas la toman y hacen un trabajo serio y responsable”, sostiene María Paz.

 

¿Cómo te motivaste a armar un proyecto donde las mujeres están al centro? 

Soy de esas personas privilegiadas de la sociedad: tuve familia, educación, pude tener hijos, tuve trabajo siempre. A estas alturas de mi vida, llegó el momento en que nada me genera más satisfacción que poder ayudar a otras. Por 20 años estuve casada y me he movido siempre por mis 4 hijos hombres. Desde joven pensaba: ¿cómo mis hijos se van a complementar en un nuevo mundo?  El punto cúlmine fue cuando trabajé en el Centro de Innovación de la UC y veía que habían esfuerzos de las mineras y las TI por incluir mujeres, mientras que en la construcción nada, entonces decía, ¿pero cómo? 

 

¿En qué consiste Red Maestra? ¿Bajo qué necesidad nace?

Red Maestra es una organización que potencia las capacidades de las mujeres para el futuro integrador que todas soñamos. Nacimos en 2019, porque vimos que en la industria de la construcción no se le daban oportunidades a las mujeres y mi idea siempre fue potenciar a las que trabajan en la primera línea, como jornales de aseo o maestras que nadie conoce o no son visibilizadas.

Ese año empecé a buscar casos y me pillé con historias dramáticas: con mujeres que habían estudiado un oficio con mucho esfuerzo y que finalmente trabajaban en cualquier otra cosa, menos en el oficio, porque se sentían solas, lo habían pasado mal ejerciendo, o no se sentían capaces. Muchas que quizás pensaron estudiar un oficio de la construcción pero que al momento de ingresar abortaban la misión porque se sentían intimidadas en un curso lleno de hombres donde se escuchaban frases como 'qué haces aquí, anda a cuidar a tus niños'. Las barreras son infinitas. Esos son los sesgos que empezamos a ver. Ahí pensé que hay que entrar desde antes, desde la oportunidad y capacitación. Desde el empoderamiento para así conducirlas a un trabajo que genere mayores ingresos y no sea precarizado. 

 

Entonces, ¿Las capacitan para que tengan herramientas y crezcan en su trabajo? 

Sí, lo más importante dentro de Red Maestra es que formamos una gran comunidad, porque hoy todos pueden capacitar a las mujeres de la construcción, pero al terminar, ¿dónde quedan ellas? Aquí es una gran comunidad de mujeres técnico-profesionales donde se producen las micro-comunidades de especialidades, como pintoras, albañiles, eléctricas, etc. y entre ellas se potencian y se ayudan. Por ejemplo, muchas veces se comparten trabajos o hacen pegas en común. Se produce una sororidad y trabajo colaborativo muy bonito.

 

¿Qué puntos en común hay entre las mujeres que llegan a capacitarse en Red Maestra? ¿Qué pasa con sus historias de vida? 

Cuando conocemos sus historias en profundidad, hemos encontrado que, primero, la que están hoy en el mundo de la construcción es porque pasaron varias barreras. O sea, se atrevieron a estar en un mundo masculinizado y han aguantado frente a todas las cosas que han podido encontrar. Porque hay machismo y falta de oportunidades en las empresas. Ahí no se hace discriminación positiva porque las organizaciones tienen miedo a que los hombres se revelen, entonces no miran a las mujeres.

Por otro lado, entre un 60% y 70% está a cargo de hogares monoparentales. 

 

En este mundo tan masculinizado, ¿Qué aportan las mujeres en la construcción? 

Trabajan de manera menos competitiva y más amorosa. Ayudan más a sus compañeros. Por ejemplo, si ven a un maestro que no se puede un tarro, ellas van a ir y lo van a apoyar. Todo eso genera un mejor ambiente laboral porque hay más respeto, cuidado, limpieza, orden y se pierden menos materiales. 

 

¿Crees que se están abriendo espacios de inclusión ahora para las mujeres en la construcción? 

Sí, hoy las jefaturas están entendiendo que la mano de obra femenina calificada es una buena alternativa para llenar los puestos de trabajo que faltan. Cada día más, la construcción va girando al mundo de la tecnología, y eso permite desmitificar esa idea de que para la construcción se necesita fuerza, porque no es así: las máquinas hacen el trabajo pesado y lo que se necesita hoy es dedicación y fineza. Frente a esa nueva realidad se empiezan a dar oportunidades para que las mujeres puedan ingresar y especializar su mano de obra. Aunque sigue masculinizado, hoy se ven cambios en las jefaturas que ven el valor de los equipos.

Una vez, un dueño de una empresa de tabiquería me dijo 'cómo voy a contratar mujeres si no se van a poder la plancha de 25 kilos' y yo le dije 'perdón, ¿usted nunca ha visto a una mujer con un niño de 9 años en un brazo y una guagua de 10 kilos en el otro brazo?' bueno, ahí tiene más de 30 kilos, así que no me venga a decir que no puede mover una plancha'. Son cosas culturales. 

 

Ha sido un trabajo intenso, ¿Te imaginaste alguna vez liderando un proyecto de estas características? Me divorcié muy joven del mundo de la Arquitectura porque me gustaba el ámbito de las ventas, así que me metí en las áreas comerciales, en empresas proveedoras de la construcción. Esto me pilla en un momento de la vida donde puedo dedicarle todo el tiempo del mundo y lo que recibo de vuelta es tan maravilloso, que vale la pena. No necesito nada más.