Veronica de la Cerda

Verónica de la Cerda, ingeniera y CEO de Triciclos: “No basta con abrir espacios a la mujeres en las empresas, sino que hay que asumir una postura orientada hacia la corresponsabilidad

Es ingeniera de profesión, pero su pasión es el trabajo con sentido. Verónica de la Cerda es CEO de Triciclos, una empresa B que se dedica a la implementación de una Economía Circular para eliminar el concepto de lo que, en la actualidad, conocemos como basura, haciendo una buena gestión de nuestros recursos naturales. “Siempre tuve la inquietud de que mi trabajo tuviera un propósito, más allá de generar un beneficio económico”, cuenta.

Verónica terminó sus estudios en Italia, y comenzó su carrera profesional en España, donde despertó su interés por el tema de empresas con un propósito ambiental. Por eso, hoy se siente comprometida con esta causa y cree que, como sociedad, aún tenemos grandes desafíos por resolver en la materia. “Chile es considerado hoy un país con compromisos ambiciosos en temas climáticos y, comparado con otras naciones, está dando pasos interesantes. Pero eso no quiere decir que el camino esté diseñado y listo para cumplir con lo necesario para contener la crisis climática”

Como profesional en la alta dirección, Verónica de la Cerda no ha sentido el denominado techo de cristal, aunque confiesa que muchas mujeres, al momento de ascender, se enfrentan a estas barreras. Por eso, apuesta a incentivar la corresponsabilidad como política de empresa, porque cree que es una acción necesaria para fomentar el ascenso de las mujeres a puestos de poder. “En las empresas no basta simplemente con abrir esos espacios, sino que hay que asumir una postura orientada hacia la corresponsabilidad de las tareas del hogar o de cuidado. No debería ser solo la mujer la que tiene que pedir permiso para ir a buscar a los niños o cuidar a la mamá, sino que debería ser visto como tareas de todo el grupo familiar”.

 

Estudiaste Ingeniería Civil en la PUCV, en un momento donde la matrícula de mujeres era aún más baja de lo que es hoy, ¿Sentiste alguna diferencia en términos de género en la universidad, desde tus pares o profesores?

 Entré en 1999 y entiendo que, en ese momento, menos del 30% éramos mujeres. No sé si fui consciente de diferencias, quizás porque tenía una personalidad más fuerte y no me sentía amedrentada. En ese momento, no miraba las cosas con el lente que las veo hoy. Pero efectivamente habían muchos profesores hombres y no tantas mujeres, y eso, puede ser un desafío porque no solo no ves gente de tu género, en términos de pares, sino en superiores y referentes.

En las fiestas mechonas sí sentía que, como mujeres, pasábamos por situaciones incómodas, como elegir la reina o desfilar en una pasarela. Yo me iba al baño para no hacerlo. Eso estaba normalizado y hoy día, por suerte, se ha cuestionado y ya no está tan aceptado. 

 

Terminaste tu carrera en Italia y tus primeros pasos del mundo laboral también los diste en el extranjero, ¿Se te produjo un choque cuando volviste?

Al terminar la universidad, me fui a Barcelona y después a hacer un MBA en Filadelfia. Después pasé por Sao Paulo, donde trabajé 3 años, en un fondo de inversión de impacto, y luego ya me vine a Chile. Y sí, me llamó la atención un poco, en términos de género, porque viví en Europa y Estados Unidos, y ahí por ejemplo no te podían preguntar si querías tener hijos en una entrevista de trabajo. Eso fue una de las primeras cosas que me tocó responder acá. Hubo un reencuentro con una sociedad que aún le faltaba por avanzar, pero que, si la comparo con lo que es hoy, me doy cuenta que hemos evolucionado bastante. Aún hay conversaciones eso sí que llaman la atención, como temas de corresponsabilidad o del aborto, que en otros países están más resueltos. 

 

En tu caso, el interés por lo ambiental, ¿Se dio de manera natural o intencionaste, de algún modo, esa búsqueda laboral? 

 Siempre tuve la inquietud de que mi trabajo tuviese un propósito, más allá de generar un beneficio económico. Como no tenía vocación de ser doctora -por ejemplo-, entendía que donde aplicase mis horas de trabajo y cabeza, idealmente tenía que ser en espacios que resolvieran problemáticas relevantes para la sociedad. Por eso, los temas ambientales siempre me atrajeron y, usar la Ingeniería en pro de eso, me parecía obvio. Cuando me fui a hacer el MBA, quería entender el mundo del capital y ahí encontré esta manera de trabajar en el área de inversiones, donde se direccionase el capital a causas que fuesen relevantes para la comunidad. Esa era una forma de encontrar un propósito. 

 

En 2015, llegaste a trabajar como gerenta general de Triciclos, ¿Qué es lo más complejo que te ha tocado enfrentar en el cargo? 

Resolver los problemas que tienen que ver con las personas siempre tienden a ser los más desafiantes. O sea, para resolver problemas de precifiitación de productos o búsqueda de margen operacional, hay un manual, pero cuando estás frente a la incertidumbre y al miedo en las personas, es todo más complicado y no hay grandes manuales.

Uno de los primeros desafíos fue el estallido social. Esa fue la primera vez que nos enfrentamos a la necesidad de trabajar de una manera diferente, porque -por ejemplo- no se podía llegar a la oficina, en un ambiente de incertidumbre y ahí aparece la innovación de cosas que hoy nos parecen obvias, como el trabajo remoto y las sesiones de diálogo entre equipos. Eso nos llevó a tener conversaciones complejas dentro de la organización. Nosotros somos una empresa B, que siempre ha puesto el énfasis en las personas, sin embargo, siempre estamos aprendiendo a cómo enfrentar desafíos nuevos entorno a eso. Así se generaron conversaciones ricas de tener.

Después llegó la pandemia y eso representó aprender a manejar en el camino. Tuvimos la operación de Triciclos parada por tres meses y eso implicó facturas comprometidas, hablar con clientes, pero, sobre todo, gestionar la seguridad sanitaria de las personas. En lo personal, como muchas otras mujeres, soy madre de dos hijos chicos, con un cargo de alta responsabilidad, con un marido que es tan responsable de mis hijos como yo, y que también tiene un trabajo demandante, y lidiar con eso en tu casa, fue un desafío de gestión bastante alto. 

 

¿Has sentido alguna limitación en el ámbito laboral? ¿Cómo te relacionas con el denominado techo de cristal? 

Siempre he tenido la suerte de trabajar en espacios bastante respetuosos, con la idea que las personas somos personas y no somos una maquina de trabajar. Que tenemos derecho a decir que no y que tenemos vida más allá de la oficina. Pero no todas tienen esa posibilidad y muchas, al momento de ascender, se encuentran con desafíos importantes. Hay espacios masculinizados y donde las reuniones comerciales se tienen entorno a espacios donde las mujeres no son necesariamente bienvenidas. O sea, ¿Cómo puedo ascender si la reuniones son así, bajo esas lógicas? 

Hay empresas donde dicen querer mujeres en alta dirección, pero que ponen unos horarios imposibles para alguien que no cuenta con red de apoyo en los cuidados, por ejemplo. En las empresas no basta simplemente con abrir esos espacios, sino que hay que asumir una postura orientada hacia la corresponsabilidad de las tareas del hogar, por ejemplo. No debería ser solo la mujer la que tiene que pedir permiso para ir a buscar a los niños o cuidar a la mamá, sino que debería ser visto como tareas de todo el grupo familiar. Eso va a igualar la cancha porque no basta con ofrecerle oportunidades a una persona, si esa persona no tiene cómo agarrarlas, producto de otros problemas del día a día. 

 

¿De qué manera incentivar la corresponsabilidad desde el sector privado? 

Hay un aspecto cultural de las empresas. Es decir, si en las organizaciones es bien visto que los hombres asuman responsabilidades en el hogar o de cuidado, entonces eso es un instrumento de incentivo indirecto. No hay un castigo. Conozco espacios de trabajo donde los hombres al pedir permiso para ir a buscar a los niños, les dicen que eso lo debería hacer la mujer. Si construyes una cultura donde evitas que eso pase y donde sea explícito la bienvenida a que los hombres asuman esos roles, es un paso importante. 

Existen también instrumentos más directos, como la extensión del posnatal para hombres o la mantención del teletrabajo, que ayuda a flexibilizar horarios. Desde lo público, también se debe actuar, con políticas, campañas y sobre todo, educación.

 

Triciclos es una empresa que busca eliminar el concepto de basura, actuando bajo las lógicas de la economía circular, ¿Crees que Chile se está tomando en serio el tema de la sustentabilidad?

Efectivamente, Chile es considerado hoy un país con compromisos ambiciosos en temas climáticos y, comparado con otras naciones, está dando pasos interesantes. El hecho de haber participado en la presidencia de la COP25 y haber presentado una NDC con firmes ambiciones en política ambiental, es algo relevante. Al mismo tiempo, los compromisos entorno a la descarbonización, fomento de energías verdes y proyectos de captura de carbono, posicionan a Chile en un buen lugar. 

Pero eso no quiere decir que el camino esté diseñado y listo para cumplir con lo necesario para contener la crisis climática. El desafío es muy grande y falta mucho por recorrer. Los chilenos tienen que cuestionar más sus hábitos de consumo. El país necesita proveer de la infraestructura necesaria para poder tener hábitos más sustentables, las empresas necesitan cuestionar sus maneras de producir y el mercado debe contar con una mayor oferta de productos respetuosos con el entorno. A veces, veo que hay una desconexión con el impacto que nosotros como humanos podemos generar en la naturales, al botar basura por ejemplo. Si bien es clave contar con políticas públicas, también tenemos que poner de nuestra parte.